trabajos
Escondida en las sombras de la habitación observo como poco a poco mi victima va recuperando la consciencia. Mira alrededor desorientado. Cree que está solo, la oscuridad siempre ha sido mi aliada. Le veo cerrar los ojos en un gesto de concentración. Seguramente se está preguntando donde está, que fue lo ultimo que hizo, como ha podido acabar encadenado a una pared.
Me acerco lo más sigilosamente posible hasta él. Parece que no ha notado mi presencia así que le clavo mi tacón en su pie desnudo…para llamar su atención.
Profiere un alarido de dolor que es música para mis oídos.
Sonrio mientras demanda saber quien soy, porque le he enjaulado y todas esas cosas aburridas que cientos de personas antes que él han balbuceado entre gritos y sollozos mientras les sometía a mis placeres.
Al no encontrar respuesta por mi parte, comienza a revolverse en el suelo, intentando desembarazarse de las cadenas que lo aprisionan. Es inútil, lo único que conseguirá será cansarse.
Decido hacerle parar. Lo necesito fresco. No puedo permitir que su cansancio arruine mi diversión. Tiene que durarme toda la noche.
Le abofeteo. Clava su mirada en la mía mientras un reguero de sangre sale de su labio. Le beso. Necesito el sabor metálico que desprende. Pero no tengo suficiente. Le muerdo al tiempo que él intenta liberarse. Comienza a gemir y le suelto.
Me pongo fuera de su alcance. Comienza a insultarme. He de reconocer que es creativo, eso será un punto a su favor a la hora de acabar con él. Cuando se calma le ofrezco agua, que acepta sin pensar. Error.
Cojo una vela y me vuelvo a acercar. Saco la daga que llevo siempre conmigo. Me observa aterrorizado intuyendo lo que le va a pasar. Trata de moverse pero su cuerpo está paralizado. Nunca debió aceptar mi ofrenda.
Le hago un corte en el pecho y a continuación inclino la vela hasta que la cera cae sobre la herida y sigue descendiendo por su cuerpo hasta que se enfría y queda pegada a su cuerpo.
Le torturo durante horas aumentando su sufrimiento progresivamente. Ya no grita, no lucha. Sus únicos movimientos son los espasmos que le produce el dolor. Está agotado. Intenta decirme algo pero su voz se quebró tiempo atrás. Leo en sus labios las palabras que estaba esperando. Se ha dado por vencido.
Miro su cuerpo que ahora no es más que un amasijo de cortes y quemaduras. La sangre fresca se confunde con la que ya ha quedado seca. Su cara está irreconocible: tiene un pómulo roto, los ojos amoratados, su nariz antes perfecta ahora es sinuosa.
Se merece que acabe ya con su sufrimiento. Ha aguantado más que la mayoría. Su destino no será morir desangrado.
Agarro su cabeza. Hace una mueca de dolor. La giro. Un chasquido y cae desplomado.
Otro trabajo concluido.
Mi siguiente presa me espera.
Fash
0 Comments:
Post a Comment
<< Home