Friday, April 07, 2006

La SaL cUrA lAs HeRiDaS...


Primero hice lo que hiciste conmigo anteriormente: tratarme como un perro… Así que te colgué la soga al cuello y te hice andar en cuatro patas hasta que las rodillas se te desfiguraron… Al principio te resististe, demasiado, casi te ahogo con la soga, pero resignado empezaste a andar y andar, hasta que mis deseos quedaron complacidos. Salía sangre de cualquiera de tus extremidades, sobre todo de la que estaba atada a la cadena. Era larga, me gustó verte como al despertar viste esa cadena tan larga y pensaste que podías llegar hasta la puerta… pero no soy estúpida… te vi atontado y Te pusiste lentamente de pie… igualmente nadie nos oye en esta nave perdida…
Y no me daba lástima, pensé que iba a ser más duro para mi hacer esto y sin embargo… ¡qué placer siento!
Tiré un poco de agua al suelo… la lamiste como si fueses un perro, yo sonreía, te repugnaba ver mi risa, pero no decías nada… absolutamente nada… Ni siquiera te quejabas de dolor… Quizás no estaba siendo demasiado dura… me puse a pensar…
Recordé como te vi de la mano de esa mujer. Me entraron nauseas por la traición, me provoqué el vomito, te lo refregué por la cara, vomitaste… Ya la cosa empezaba a tener más color…
Agarré dos ganchos de carnicero, te clavé uno en cada mano:

- No volverás a tocarla, pensé.

Por primera vez gritaste, me sentí muy complacida, me demostrabas dolor, sufrimientos, el mismo que sentí yo cuando sin querer te vi besarla…
La besaste, odio tus labios… Agarro una barra de hierro y te pego un golpe en la cabeza para desmayarte… Calenté la barra al fuego y te las apoyé en tus labios, como nuestro primer beso, suave, lento y con mucho amor… cuando te despertaste ya no podías mover los labios, estaban tan quemados a conciencia que tu única reacción fue llorar…
Seguí pensando… Me vino a la mente el día que me dijiste que te ibas a tatuar mi nombre… en un brazo recuerdo que me dijiste, pero ¿en cual?... Te iba a pegar de nuevo para dormirte, pero no tenías fuerzas para moverte… así que agarré la navaja y tallé sobre tu brazo derecho mi nombre. Y también lo hice sobre el izquierdo. Le eché sal a cada herida. Pero no me gustaba ver mi nombre en el cuerpo de quien no me quería, impactada por la situación empecé a rasgarte la piel una y otra vez, mientras tu gritabas de dolor… estaba poseída y te clavaba las uñas sin parar, hasta que no se como, no se con que fuerzas me agarraste la mano… levanté la mirada, estabas llorando como nunca… te miré a los ojos… tus ojos, odio tus ojos, de ese color tan asqueroso… Sin pensarlo siquiera, me fui acercando lentamente, tu ya habías soltado mi mano, no tenías fuerzas… Te abrí el ojo con mi otra mano y lo pinché en todo el centro, clavé un poco más la navaja y la hice girar y girar hasta que desapareció el color… solo sangre con gelatina mezclada… Quería dejar el otro sano para que vieras… Ya no hacía falta que le echara sal… La sal cura las heridas…
Imaginé lo que habían hecho en ese hotelucho apartado al que los seguí. Ibas tan, tan, tan feliz, que ni siquiera notaste que te seguía… Te quité los pantalones, los que dijiste que eran un regalo de los compañeros de la oficina para tu cumpleaños, no se por qué te creí en ese momento, los quemé… Y por fin vi lo que tanto placer me había provocado cuando éramos felices. Cuando solo sabias susurrarme al oído: Te quiero…
Primero te intenté hacer una operación de fimosis, lo busqué en Internet como se hacia. Tenías el ojo sano desorbitado, como si tu vida no te importara un cuerno, solo tu pene… Entonces te tuve que atar las manos, porque eras por lo que más luchabas. Te saqué un trozo de prepucio, lo mastiqué y te lo escupí en la cara… Que desolado estabas. Me entró la risa. Reí a carcajadas al verte con un trozo de prepucio y resto de vomito en la cara. Parecías maricón, te hice una foto para poder seguir riéndome en todo momento…
Me dolía el pecho, lo tenía lastimado de tanto imaginarte junto a la otra…
Siempre tuve las ganas de saber como era un testículo por dentro así que sin mas preámbulos te hice un tajo y lo agarré con mis manos, era gracioso. Se podía jugar con él a pasártelo de una mano a otra… Mientras pensaba en esa situación te desvaneciste… Que pocas fuerzas tienes cuando te tocan lo mas jodido, lo que te da la vida… Creo que no tienes corazón.
Te corté tu sexo al ras, te quedaste pelón como los muñecos y me cansé de jugar, me cansé de tanta sangre… si, te estabas desangrando… Así que sin más motivos, te clavé la navaja en el pecho y dejaste de respirar…
Que dolor siento al verte sin vida, rompo a llorar, no es esto lo que quería para ti…
La sal cura las heridas. Me abro lentamente el pecho y me echo sal… escuece, pero aún duele… y nada… Ya no me duele el engaño, ni el que hayas estado con otra, ahora me duele el verte muerto, por mis propias manos… Estoy desesperada, lo que iba a ser un susto fue una tortura sin compasión… no era yo la que actuaba… Aún te amo…
Miro mi mano ensangrentada, que aun sostiene la navaja con la que te maté, me cuesta respirar, se que voy a morir… Me pincho el pecho con la navaja… duele, pero es dolor físico, eso se quita… Me decido, levanto la mano bien alto y bajo con todas mis fuerzas contra mi pecho… Y así me encuentro, con una navaja en el corazón, cogida de tu mano, y dejando de respirar poco a poco…

0 Comments:

Post a Comment

<< Home