Wednesday, March 29, 2006

Descubriendo el paraíso


Noche cerrada, los grillos empiezan sus cantares, las estrellas se esconden tras una cortina de nubes que sín cesar se van elevando sobre nuestras cabezas. Hemos pasado una gran noche, llena de risas, antiguas amistades renovadas y alcohol en frascos pequeños perfumados con el aroma de la simpatía sin rubor. Noche espléndida, hacía tiempo que no lo pasaba tan bien. Estoy mareado por los efectos de tanta bebida, y ella dice que no tiene donde quedarse a dormir, que no puede volver a su casa. Peleas familiares, ya se sabe. Como soy tan caballeroso pues le he propuesto que se venga a mi casa, que siempre puede dormir en el sofá..... bueno creo que seré yo el que duerma en el sofá.

Tambaleándonos llegamos a la puerta, risas despiertan a los vecinos, la llave se niega a reconocer la cerradura... maldita sea, ya no sé ni meterla. Una carcajada resuena en las escaleras, ella ríe y yo la miro desde la penumbra. Al fín la puerta se abre, un leve crujido anuncia nuestra llegada a casa, al fín a salvo de las miradas indiscretas de los vecinos. Ella se dá una vuelta por el piso, vé a mi pesar las prendas interiores esparcidas por la habitación, también vé los dibujos que torpemente trazaron mis manos. -Están muy bien´- dice. Mi mirada de incredulidad es evidente, en fín, enciendo la televisión para ver programas llenos de caras famosas, de gente que con culos aplastados en sillones de cuero se ponen a despotricar sobre los demás, dando puntos de vista que a ninguno de los dos nos interesa. Nos miramos, sin decir nada nuestras manos tropiezan al intentar coger el mando a distancia, de nuevo risas.... nos parecemos mucho.

El momento delicado surge cuando nuestras miradas recorren la habitación hasta la cama. Entro hacia el armario y cojo una manta que extiendo en el sofá. Ella me mira con aire de estupefacción... oye ¿no me dejarás en la cama sola verdad?, ahora soy yo el sorprendido. Y me habla de las noches que hemos compartido en las calles, bebiendo hasta quedar exhaustos. Comprendo que nuestra amistad es muy profunda, irrompible al paso del tiempo. Me encojo de hombros y voy hacia la cama, nos acostamos como dos niños inocentes, sin tener en mente nada más que el paraíso del sueño.

Trás una hora de sueño abro los ojos, y veo su mirada complice y tierna. Me hundo en su color verde, mi pecho resuena violentamente en el silencio de la noche. Su mano acaricia mi mejilla, cierro los ojos y siento arder mi garganta, haciendome tragar palabras que abrasan por su significado. Los abro de nuevo para encontrar su rostro al alcanze de mis labios, ella me besa con ternura y a la luz de los relampagos hacemos el amor, y entre suspiros libero las llamas que me queman.... te quiero. Agotados de tanta pasión nos miramos acariciándonos con miradas sinceras acompañadas por una sonrisa. Mañana será otro día, nuestras actitudes no cambiarán. Pero esta noche fuimos uno, esta noche nuestra amistad dió un paso más, ahora nos conocemos mejor. Cada milímetro de piel tatuada en nuestras manos, cada suspiro entregado recojido como un tesoro, cada gemido canto de sirenas a la orilla del mar. La noche trancurre lenta mirándonos, deseando que el amanecer nunca llegue, deseando no existir en el mundo, sólo nosotros y nuestra pasión.

Amanece, ella se levanta de mi lado, viste su desnudez, me besa y nos decimos adiós. Y mientras cierra la puerta, acaricio el calor que ha dejado en las sabanas, recordandola tan bella como la veo siempre desde aquel día, en que nuestra amistad se convirtió en pasión. Al fín mi alma gemela se ha reunido conmigo.

Blad

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